Un poco de introducción facilona.
Estamos bastante acostumbrados a ver cadáveres desangrándose, cuerpos descansando sobre charcos de sangre. Personas con amputaciones. Pero siempre son individuos con nombres que somos incapaces de memorizar, gentes con la piel de otro color y residentes de realidades incognoscibles por nosotros, los occidentales. Y cuando esa realidad es más cercana, cuando sus nombres sólo resultan difíciles de memorizar, sus tragedias son ficción.
La muerte nos rodea, pero no dejamos de temerla.
Sigue siendo tabú en nuestra cultura cristiana.
Sigue siendo la eterna amenaza, y no se nos muestra lo cerca que está. De hecho, podemos visitar un museo y que tras la pared construyan ataúdes en madera de pino.
Estamos bastante acostumbrados a ver cadáveres desangrándose, cuerpos descansando sobre charcos de sangre. Personas con amputaciones. Pero siempre son individuos con nombres que somos incapaces de memorizar, gentes con la piel de otro color y residentes de realidades incognoscibles por nosotros, los occidentales. Y cuando esa realidad es más cercana, cuando sus nombres sólo resultan difíciles de memorizar, sus tragedias son ficción.
La muerte nos rodea, pero no dejamos de temerla.
Sigue siendo tabú en nuestra cultura cristiana.
Sigue siendo la eterna amenaza, y no se nos muestra lo cerca que está. De hecho, podemos visitar un museo y que tras la pared construyan ataúdes en madera de pino.
Para resolver todas esas dudas - si las tenemos y queremos acabar con ellas – es

Tras leer Fiambres, quizás no suene tanto a cávala.
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